El sueño de Don Bosco reabre sus puertas en un barrio asunceno

Todos los barrios del Paraguay sin distinción alguna, presentan una característica buena o mala, que los distingue de los demás.

Lastimosamente muchos barrios, en especial en la capital del país, se hicieron conocidos por los peligros que acechan en sus calles y que, como resultado, generan una sensación de paranoia por parte de la ciudadanía.

No obstante, hay otros a los cuales se los conoce por las buenas opciones de ocio o negocios que ofrecen, ya sea un restaurante famoso, un bar con tradición, un centro educativo centenario, un centro comercial nuevo con actividades recreativas, hasta una iglesia, espacios que son visitados por muchas personas.

Sin embargo, con la llegada de la pandemia del COVID-19 todos estos lugares cerraron sus puertas y obligaron al confinamiento de las personas por la seguridad misma. Las calles de este barrio fueron invadidas por el silencio, la angustia y el temor de volver a aquellos lugares donde antes pasaron buenos momentos como comunidad.

Como cada persona alrededor del mundo adaptarse a un nuevo estilo de vida al principio es difícil y más cuando nuestra única herramienta de comunicación era cámara que hacía más grande el pesar de no poder abrazar a un familiar, un amigo o un compañero.


Animadores salesianos de la Parroquia San Vicente de Paúl en reunión vía zoom a causa de la pandemia del COVID-19. Foto: Samuel González SDB.

Los verdaderos héroes quienes tuvieron la valentía de afrontar todo para evitar la propagación del virus son especialmente los niños y adolescentes, quienes sacrificaron por muchos meses las recreaciones al aire libre con sus amigos a estar casi 24 horas en sus hogares y supieron ingeniarse para crear juegos bajo su propio techo, estudiar desde sus hogares y llevar un estilo de vida muy difícil de comprender para sus edades, pero aguardaron con la esperanza de que pronto, volverían a encontrarse y terminar ése juego pendiente, romper esa distancia y olvidar que una pantalla los separó.

Y la larga espera valió la pena, después de muchos meses de encierro y muchas pérdidas las diferentes actividades del Paraguay van retomando fuerza, con las vacunas como apoyo, las reglas que respetar y ése granito de esperanza los niños poco a poco volverán a disfrutar, ¡volverán a vivir! Las personas volvieron a salir, a abrir sus puertas y ofrecer todo tipo de entretenimiento que les devuelva el tiempo perdido.

Este es el caso del barrio San Vicente de Asunción, Paraguay (lugar donde resido). Allí, los vecinos de varias generaciones conocen y admiran el trabajo que realiza un grupo de jóvenes dentro de la parroquia más conocida del lugar, que vuelve a abrir las puertas luego de un año a consecuencias de la pandemia que arrasó al mundo e invitan a los que deseen unirse o conocer las actividades que realizan año tras año, -y que está presentada brevemente en el siguiente material- una actividad que no muchos barrios tienen la gracia de tener, siendo así relevante para la ciudadanía en sí.

Porque aún encerrados realizaban actividades virtuales y con los protocolos de seguridad trataron de llegar a los niños en sus hogares para animarlos y saber que están ahí esperándolos siempre y volver a disfrutar de un espacio saludable y que por supuesto es un ejemplo para los demás barrios de la ciudad.

Niña recibiendo un presente (izq.) / Animador ofreciendo jugo a los chicos (der.) durante la pandemia del COVID-19. Foto. Ramiro Patiño, animador del oratorio.

Oratorio Festivo San Francisco de Sales

“Es hermoso ver cómo un solo lugar puede convertirse en una casa para los que necesitan, un patio para jugar y una escuela para aprender a ser feliz”. Don Bosco

1815. Nacía Juan Melchor Bosco Occhiena, conocido como San Juan Bosco en un humilde caserío de I Becchi, cerca de Castelnuovo, en el norte de Italia, que más tarde se convertiría en una de las figuras principales de la caridad en el catolicismo.

Don Bosco, como lo llamaron todos los chicos que frecuentaron sus oratorios, aquel «Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes», como lo definió Juan Pablo II  y toda la Familia Salesiana recordará y celebrará su legado, vigente hoy en día, con varias actividades y más aún, siguiendo los pasos del maestro que lo convirtieron en ejemplo para muchas generaciones.

Más de dos siglos después de su nacimiento, la vida y obra de Don Bosco continúan siendo fuente de inspiración para la labor que realizan los Salesianos en más de 130 países de los cinco continentes. No sólo están dedicados a los niños, niñas y jóvenes más desfavorecidos, sino que su testimonio ha logrado que miles de laicos se vinculen a la labor salesiana y, desde distintas áreas profesionales, artísticas, económicas, políticas y deportivas, contribuyan a la misión y sueño del santo venerable: velar por el bienestar de los jóvenes y el de las familias más necesitadas.

En la actualidad, cerca de 15.000 salesianos educan a más de dos millones de menores y jóvenes y atienden directamente a más de 16 millones de personas en todo tipo de obras alrededor del orbe. Hoy, el oratorio es el sueño hecho realidad de un hombre que quiso dar la oportunidad de ser dichosos a muchos niños y jóvenes de quienes el mundo no tenía esperanzas, y que, sin saberlo, hasta ahora, han cambiado la vida de muchas personas de todos los confines de la Tierra.

Niños de una de las primeras generaciones que continúan en su vida adulta, compartiendo experiencias y voluntariado. Foto histórica de la Parroquia San Vicente proveída por los salesianos al Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

Atrayéndolos con lo más simple: un juego, o compartiendo un pedazo de pan y bromas, así fue como San Juan Bosco se ganó el corazón hasta del más revoltoso de los niños, para guiar su vida por el camino de la fe, la bondad y amor al prójimo. Sus principales objetivos fueron darles la suficiente confianza a los chicos de la calle, como los que se encontraban en las cárceles, sin una pizca de alegría en sus vidas y totalmente desesperanzados; les invitaba a compartir con él en cualquier parte, en una Iglesia, en el bosque, en la calle, pues siempre dijo que el oratorio es más que un lugar, pues se lo lleva en el corazón mismo.

El sueño de Don Bosco, en un barrio asunceno

En Paraguay, este ejemplo de amor al prójimo que dejó Don Bosco se ve reflejado en muchas capillas, en las cuales, personas de inmensa caridad trabajan sin descanso para mejorar la calidad de vida de muchos chicos y familias necesitadas.

“OFSFS”, son las siglas del conocido Oratorio Festivo San Francisco de Sales, ubicado en el Barrio San Vicente, de la capital de Asunción-Paraguay, un espacio donde todos son bienvenidos a compartir con personas que dedican su tiempo y vida a servir a los demás. Construyendo una historia desde el siglo XX, el Oratorio San Francisco de Sales, sigue latente como desde el primer día que recibió la visita de un niño aturdido por las malas experiencias de la vida que necesitaba de un abrazo y cariño. Situada en las instalaciones de la Parroquia Salesiana San Vicente de Paúl, abrió sus puertas a muchas generaciones de infantes, que, sin duda representaron para ellos la mejor época de sus vidas algunos de los cuales en la actualidad son personas distinguidas en el ámbito religioso de nuestro país.

Las nuevas generaciones de niños y jóvenes posando para la cámara. Foto: Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

Pero como todo sueño, este fin tuvo sus altos y bajos y es que ayudar a los más necesitados requiere de gente valiente, como también de tiempo, sacrificio y sobre todo, recursos para cumplir con la ayuda. Uno de los momentos más tristes para el Oratorio fue cerrar sus puertas por seguridad, cambiar las formas de juegos o compartir con los amigos y los parques, las canchas y los espacios que estaban repletos de niños riendo se llenó de un silencio triste, donde lo que más resonaba fue la angustia de no saber cuándo se podrá compartir otra vez.

Cabe resaltar que, en el año 1964 el oratorio recibió a más de 300 niños en los patios de la parroquia que aún no estaban terminados completamente, sin embargo, para los chicos de aquella época eso era irrelevante:

«Jugábamos entre las piedras y arena de la construcción, siempre nos divertimos con todo», recuerda nostálgico, Don Luis Fernández (65), quien era uno de los oratorianos más traviesos de su época y que más tarde, llevó a sus hijos y nietos para conocer ese lugar:

«Muchas veces salía de casa sin comer nada, pero feliz porque sabía que en el Oratorio me esperaban con cocido y galleta, a veces incluso con tortillas y me ponía aún más feliz», comentó, y que a pesar de ser por aquellos tiempos un chico un poco rebelde, hoy es un padre y abuelo ejemplar; asegura que se debe a los valores que de pequeño le brindaron los jóvenes del oratorio, de igual modo hay personas reconocidas que pasaron por el OFSFS tal como el Monseñor Gabriel Escobar Ayala, que siempre recuerda con amor su paso por el patio, así como otros sacerdotes y vecinos.

Diversos ejercicios físicos son tenidos en cuenta por los voluntarios salesianos, que forjan el espíritu de los más chicos para favorecer la competencia sana. Foto: Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

Entre los párrocos más recordados por el Barrio San Vicente resuenan los nombres del Padre Juan N. Casanello (nombre que lleva la principal calle de la Iglesia y una de las más transitadas de la zona), también el Padre Borzaga como se lo conocía, Padre Rafael, etc., y otros, que aún siguen trabajando en el servicio, tales como el Padre Severo Aquino y José Zanardini.


¿Qué hace una persona dentro del oratorio?

Cada fin de semana se vive un ambiente de alegría en la Parroquia San Vicente, pues a partir de los sábados por la tarde, niños de distintas partes del barrio que lleva el mismo nombre, se reúnen con buena música, meriendas y muchas ganas de compartir. Todo esto tuvo una pausa y este año volverán a abrir sus puertas ¡más felices que nunca!

El «futbolito» diversión de los más pequeños(Izq.), Animadores vestidos de Los Reyes Magos para regalar obsequios (der.) Foto: Ramiro Patiño

Entre las principales actividades que se realizan en el oratorio, están los clásicos partidos de fútbol que protagonizan los niños y el handball que disfrutan las niñas, como también diversos juegos de mesa y un parque recreativo para los más pequeños, de la misma manera organizan torneos con otros oratorios cercanos, festejan el Día del Niño y Reyes Magos con muchas sorpresas. Igualmente, durante las vacaciones de invierno y de verano, tienen ciertas actividades especiales como talleres o división de grupos por edades para lograr la integración y entretenimiento de los chicos que terminan con un paseo y con la actividad más esperada por todos: un campamento de varios días donde se despiden de las vacaciones para retornar a sus actividades escolares, incluso tienen encuentros en Semana Santa para los chicos que deseen compartir los días de reflexión con el oratorio y encaminar sus vidas hacia la fe y las buenas obras.

En todo momento están acompañados y seguros por más de 20 jóvenes que son los responsables de seguir con el legado de Don Bosco, entre 15 a 25 años oscilan las edades de los animadores, quienes durante el año se forman y preparan para las actividades a ejecutarse, así como por las mamás oratorianas que brindan a los chicos las meriendas, desayunos y todas las comidas para los momentos de encuentro.

Éstos, están liderados por un asesor, en este caso un Salesiano de Don Bosco (SDB) quien pertenece a una comunidad de personas que dedican su vida a Dios a través del servicio a los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados, educando y evangelizando según el ejemplo de San Juan Bosco.

Jóvenes posando para la cámara junto a la autora de este reportaje, Pati Cuevas.

Los animadores realizan previamente retiros espirituales, como proceso de preparación individual y grupal para el inicio de alguna actividad.

«Es realmente satisfactorio ayudar a chicos que lo necesitan, y ver cómo agradecen ese gesto, pero es más hermoso ver como un solo lugar puede convertirse en una casa para los que necesitan, un patio donde jugar y una escuela con mucho que aprender», asegura Laura Benítez (18), quien fue oratoriana y actualmente es una feliz animadora.

La importancia de involucrarse

Laura, junto con otros animadores, alienta e insta a la juventud para que puedan lograr cambiar la vida de las personas de su primer entorno, transformando las debilidades y falencias en oportunidades y posibilidades de una mejor existencia, especialmente en estos tiempos donde la niñez está siendo afectada por las inseguridades, las adicciones, la rebeldía, la depresión, aprovechando al máximo el espacio que brinda la comunidad.

El campamento con juegos organizado por los salesianos de la Parroquia San Vicente de Paúl. Fotos: Melissa Larroza.

Con el tiempo, la cantidad de niños que tuvo a comienzos fue decayendo, y el barrio San Vicente, caracterizado por la alegría de su juventud, estaba ausente en las calles en los últimos años y peor aún cuando el confinamiento fue la única forma de protegernos, razón más que preocupante para tomar las riendas del asunto y empeñarse en cambiar esta triste realidad. Por este motivo el oratorio está en una constante actividad para que las buenas costumbres salesianas perduren y se instalen como siempre, en la vocación de servicio a la sociedad para los menos favorecidos en un clima de absoluta camaradería.

Las voluntarias de la Parroquia y del barrio acompañan todas las actividades en armonía dando cada quien su aporte en granito de arena para conseguir la meta: la sonrisa de los niños.

A estas alturas, son unos 100 niños de entre 5 a 15 años los que participan en las actividades más grandes (colonias de vacaciones) y unos 50 los que asisten los fines de semana durante el año, mostrando una clara ausencia a diferencia de otros tiempos. Es importante también recalcar que en todas estas actividades que se cumplen, participan niños de diversas clases sociales, pero existe un predominio de los llamados ‘de escasos recursos’, que muchas veces gozan de manera única un juego o la hora de compartir algún alimento, pues para muchos de ellos quizá sea el único alimento que consumirán durante el día.

La importancia de apoyar y ser partícipes en el cambio de vida de muchos jóvenes es crucial para el futuro, ser guías como lo son ellos para las nuevas generaciones es la base de una sociedad unida, de un barrio seguro y de una niñez feliz que podemos regalar al prójimo.

Los niños compartiendo un almuerzo. Foto: Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

El primer paso que muchas familias dan se ve reflejado a la hora de compartir, ya que el oratorio abre sus puertas no solo a niños desfavorecidos, sino a todos los que quieran participar con un momento de diversión.

Con una buena educación y animadores como guías no existe discriminación, y eso es notable a simple vista en los patios de la parroquia, donde co-existen chicos de diversas clases sociales compartiendo juntos, jornadas inolvidables. Del mismo modo, otra manera de participar en el cambio es la ayuda monetaria, pues los niños no pagan nada por asistir al oratorio, y mucho menos los animadores cobran algún tipo de dinero por ayudar en sus tiempos libres; es el principio básico del voluntariado que ha dado tantas alegrías en el pasado.

Todos los materiales de juego, los alimentos y paseos los cubren con donaciones privadas o actividades que organizan durante el año y en las cuales, el barrio se hace presente con sus efectos caritativos, pues ayudar a un niño es una de las más loables acciones que un ser humano sin excepciones puede acometer.

Animadores repartiendo el famoso pancho que luego es acompañado con gaseosa o jugo, algo muy querido por los niños.

Durante décadas, el OFSFS ha cambiado la vida de muchos que agradecen por dedicar el tiempo que se les regaló, por inculcar valores a sus vidas, transferir todo lo aprendido de generación en generación.

Es el ejemplo que se pone en práctica, a través de los oratorios, fundaciones, y organizaciones que tienen un solo fin: expandir la caridad y el amor a quienes más lo necesitan para entender que el mundo no está tan perdido como nos lo imaginamos.

Collage presente en la Parroquia San Vicente de Paúl que nos recuerda a un sin número de jóvenes voluntarios salesianos que han pasado por allí y a niños y jóvenes beneficiarios de las actividades de los seguidores de Don Bosco.

Estas acciones de profundo carácter humano, deben ser extendidas a otras partes del país, donde también se presentan carencias, pero todo depende, en última instancia, de las personas que sin intereses de por medio, continúan dando el ejemplo en los barrios de Asunción, y que nos hace reflexionar sobre el amor al prójimo.

Todas las donaciones que la ciudadanía desee dejar, lo puede hacer en la Parroquia (Padre Casanello esq/ Zorrilla de San Martin) que lo recibirá con brazos abiertos y un profundo agradecimiento.

Salesianos voluntarios de la Parroquia San Vicente de Paúl, del barrio del mismo nombre. Foto: Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

«Es importante no dejar de lado a los niños necesitados, en ellos se ven reflejados la empatía o la indiferencia que muestran las personas, y serán el fruto de lo que se les inculca, debemos es ser un buen ejemplo, ante todo y de esta manera ser protagonistas del cambio en el mundo, siguiendo el legado más lindo amor al prójimo», concluye Héctor Rolón SDB, asesor del Oratorio Festivo San Francisco de Sales.

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