Relatos Íntimos: Un día La Muerte me visitó – Parte 2

La muerte se había dado cuenta de que no quería llevarse a la niña al mundo espiritual. Y esa pequeña de la que les estoy hablando soy yo.

– ¡Ey!

– ¿Sí? –

– ¿Crees que me extrañen? –

Hubo un largo silencio en lo que la muerte sopesaba sus ideas, aunque yo me hacía una idea de lo que estaba cruzando por sus pensamientos.

– ¿Tú los extrañas? –

-No. Pero me entró curiosidad. –

Uno siempre espera secretamente que le sucedan cosas extrañas o sobrenaturales. Lo que resulta en una sensación dolorosa porque soñamos con poder ir a países diferentes y conocer criaturas asombrosas para que al final no suceda ni lo uno ni lo otro.

Lo bueno de mi historia es que sí sucedió.

Con el paso del tiempo, aquella criatura me había confesado cuál fue su verdadera intención de llevarme con ella.

-No quería mentirte. –

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– ¿Por qué me lo cuentas ahora? –

-Me daba curiosidad saber cómo reaccionarías. –

– ¿Decepcionado? – pregunté irónica.

-No. Contigo eso sería difícil. –

Me acuerdo bien de ello porque no pude evitar sonrojarme. Igualmente, él no se había dado cuenta de lo que había dicho, pero así era él.

De a poco fue arrepintiéndose de la decisión que tomó, un error fatal. Yo envejecía y el seguía estancado en una edad que ya ni recordaba. Entonces tuvo una idea que provocó lo que me hace ser quién soy hoy día.

Una breve explicación vendría bien. Existen muchas criaturas en el mundo, físico y espiritual, pero casi todas las que están en la espiritual son eternas debido al trabajo que se les encomendó.

Cada una tiene un Propósito. Los Propósitos son algo así como tareas, como mantener, crear, prolongar, educar o algo por el estilo.

La Muerte pensó que si encontraba un Propósito para mí me otorgarían una prolongación de vida o a lo mejor la inmortalidad.

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No fue fácil. Yo no era buena en nada, era impaciente para enseñar, muy torpe para mantener algo y muy perezosa para crear cosas.

Un día llegó a nosotros un Metamorfo con dolores, lo atendí basándome en algunos conocimientos en medicina natural. Y ahí estaba, yo era buena en tres cosas, leer, aprender y en la fitoterapia.

La muerte trató de convencer a los Celestiales de que, si me daban tiempo, podría ayudar a los seres espirituales con la herbolaria y de vez en cuando difundir mis conocimientos entre los mortales.

Más que por beneficio, aceptaron por curiosidad. La Muerte nunca les hizo alguna petición y justo cuando lo hace es algo impensable como la inmortalidad para una niña humana.

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Se atrevieron a ir en contra de sus reglas universales, pero advirtiéndonos de que habría consecuencias. Yo quise retractarme, pero la Muerte aceptó antes de que me echase para atrás.

< Sólo se vive una vez >. Me había dicho.

Y así volví a nacer, como un ser espiritual. Sin haber muerto realmente y con un Propósito.

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